¿Por qué la gente está tan seria en las fotos antiguas?

En Supercurioso dedicamos un artículo a la costumbre victoriana de fotografiar a los seres queridos que fallecían para tener un recuerdo de ellos. Se los fotografiaba en solitario o acompañados de la familia. Muchas de esas fotografías son retratos de niños que murieron dejando desolados a sus padres. Con esas imágenes mantenían un recuerdo visual que años antes era imposible. La fotografía representó un gran avance social. Antiguamente sólo los ricos se podían hacer retratos ya que únicamente un artista podía inmortalizar los rasgos de las personas y esto costaba mucho dinero. Con la fotografía no sólo los más pudientes podían ser “inmortales”, tener recuerdos se puso al alcance de la clase media.

A pesar de que hacerse fotografías no era algo exclusivo, tampoco era habitual. Si observas los retratos a lo largo de la historia de la pintura, mayoritariamente, los modelos presentan aspecto serio y solemne. ¿Quizá por eso llama la atención la sonrisa de la Gioconda? Hacerse un retrato era algo muy importante. Cuando empezó a expandirse la costumbre de hacerse fotografías, a la gente la embargaba el mismo sentimiento: era algo importante. Su posado era el que correspondía: solemne, serio, formal y respetable. En muchos casos además se quería evidenciar en el rostro el alma del sujeto: los padres de familia con un rictus severo, los poetas mirando a lo lejos…

La fotografía a finales del siglo XVIII y principios del XIX era un arte y los modelos querían estar a la altura de las circunstancias.

Hay que añadir que, además, las fotografías de los primeros tiempos implicaban un tiempo de posado en el cual no podías moverte en absoluto si no quería echar a perder la captura. Un rictus demasiado marcado, como una sonrisa, además de no parecer adecuado, podía cansar al modelo y malograr la fotografía.