Mira por qué esta ciudad no aparece en ningún mapa

En Rusia existe una ciudad prohibida, una ciudad que nadie puede visitar o hablar de ella, un lugar que ni siquiera aparecía en los mapas.

La misteriosa ciudad de Ozersk a simple vista parece una ciudad típica europea; tiene personas tranquilas, hermosos paisajes, grandes parques, plazas y lagos, pero esconde un gran y oscuro secreto.

En plena Guerra Fría, en 1947, los soviéticos decidieron construir una ciudad secreta en la que podían esconderse y fabricar armas nucleares libremente.

Ozersk, inicialmente fue bautizada como Ciudad 40 y se encuentra entre lo más profundo del territorio soviético, fue testigo del nacimiento de la primera bomba nuclear Rusa y fue construida por presidiarios. Sus primeros habitantes eran científicos y técnicos relacionados a la tecnología nuclear.

Sus habitantes viven tranquilos y felices en la misteriosa ubicación. El único detalle es que la ciudad tiene elevados niveles de radiación y está rodeada por una barda con alambres de púas y guardias de seguridad que custodian la entrada y salida.

Las personas no pueden salir de la ciudad, ni hablar de ella con nadie, ni siquiera con sus compatriotas que viven en otras ciudades Rusas, incluso durante años Ozersk no aparecía en los mapas.

Para poblar el lugar, a sus habitantes se les ofreció más de lo que ningún otro Ruso podía tener en esa época; trabajos bien pagados, educación superior, vivienda y seguridad. Todas estas ventajas por un solo precio…. renunciar a su libertad y al contacto con el mundo exterior.

Han pasado más de 70 años desde que se fundó Ozersk y las cosas no han cambiado mucho, en la ciudad se sigue almacenando material nuclear y si quieres irte de la ciudad, tienes que solicitar visados de salida con una duración determinada, o permisos para salir a ciertas horas a lugares específicos.

Los niveles de radiación aún son muy fuertes, un paseo de 2 horas cerca del lago es suficiente para matarte. El lago tiene tanto plutonio, que ya se le llama así “Lago de Plutonio”. La mayoría de la gente muere de cáncer, pero los habitantes lo han asimilado como parte de sus vidas, incluso los bebés nacen con dicha enfermedad.

A pesar de que las condiciones parecen inhumanas los habitantes parecen ser felices, tal vez porque no entienden la gravedad del asunto o porque prefieren no meterse en problemas con las autoridades rusas.

Hay activistas que han buscado cambiar la situación pero nadie dentro de la ciudad habla, porque si lo haces, eres un traidor. Has traicionado a tu ciudad, a tu país y tu madre patria. Y la madre patria lo es todo para ellos.

Si quieres conocer más detalles de esta increíble ciudad puedes ver el documental Ciudad 40, dirigido por Samira Goetschel.