Suiza prohíbe hervir a las langostas vivas para evitar su dolor

No sé si sabrás que tradicionalmente, la técnica utilizada para cocinar una buena langosta es introducirla viva en agua hirviendo. Esto, que a muchos nos parece una crueldad, es normal en la cocina de cualquier restaurante (y en muchas casas). Solo algunos cocineros afirman aturdir previamente al animal clavándole un cuchillo cerca de la cabeza para cortar un nervio central.

Aunque la ciencia aún no ha confirmado al 100% que los animales invertebrados sientan dolor, un estudio publicado en 2008 descubrió que las reacciones de los crustáceos ante estímulos dolorosos son diferentes cuando se encuentran anestesiados y cuando no. Ante este hecho, se hace evidente pensar que, aunque quizá de forma distinta, los crustáceos responden ante las sensaciones físicas amenazantes, y eso ha llevado a científicos y defensores de los derechos de los animales a luchar por cambiar las tradicionales formas de mantenerlos vivos y de cocinarlos.

Suiza ha dado un paso adelante en este sentido -y lo hace después de Italia- al aprobar una nueva ley que prohibirá a partir de marzo que los crustáceos sean sumergidos vivos en agua hirviendo. Tampoco podrán ser transportados en hielo o agua helada, como es habitual.

La ley obliga a los cocineros a aturdir al animal antes de matarlo, ya sea por medio de electrocución o mediante una incisión en la caja torácica que los adormece. Ya existe un dispositivo específico para el primer método y el segundo es fácil de aprender.

Aunque los partidos verdes aún quieren ir más allá, buscando prohibir la importación de las 130.000 langostas vivas que llegan a Suiza cada año, este es un gran paso en la lucha por defender los derechos de los animales y, sin duda, un buen ejemplo a seguir.

El nuevo marco legislativo que ha puesto en marcha el país no se queda solo ahí. También inicia el proceso de prohibición de las granjas de cachorros y podría acabar con el uso de dispositivos antiladrido.

Una vez más, vemos cómo la vida animal se empieza a tener realmente en cuenta en otros países. ¿Cuánto queda para que España se sume a estas iniciativas y aplique las suyas propias?