Misterios de la ciencia sin resolver

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The Bloop
En el verano de 1997, una constelación de micrófonos submarinos (hidrófonos) propiedad del Gobierno de los EEUU detectaron un extraño sonido. Durante un minuto, su frecuencia aumentó rápidamente. Después desapareció. Los hidrófonos volvieron a grabar el mismo sonido día tras día durante todo el verano. Llamado «The Bloop», nunca más volvió a oirse desde entonces y su origen sigue siendo un misterio. Otros sonidos extraños han sido grabados en el océano, como el famoso Slowdown, en mayo de 1997 y que duró 7 largos minutos. Surgió de alguna parte de la costa oeste de Suramérica y pudo escucharse a más de 2000 km a la redonda…

El «Acantilado de Kuiper»
También en nuestro vecindaria espacial hay misterios sin resolver, Si viajamos a los confines del Sistema Solar, más allá de Plutón, podremos ver algo muy extraño. De repente, y después de cruzar el cinturón de Kuiper, una región llena de cuerpos helados y de la que proceden muchos cometas, nos encontraremos con… nada. Los científicos llaman a este borde el Acantilado de Kuiper, y nadie tiene ni idea de por qué está ahí. Una explicación plausible sería la presencia de un décimo planeta en el Sistema Solar, que “limpiara” los alrededores con su fuerza gravitatoria. Un planeta, además, gigante, incluso mayor que Júpiter. Solo que nada parecido ha logrado ser detectado hasta ahora…

La señal Wow
Y hablando de misterios, ahí va uno que sigue dando mucho que hablar. Desde hace muchos años, los astrónomos intentan captar señales de radio procedentes del espacio, con la esperanza de captar alguna transmisión realizada por hipotéticas civilizaciones extraterrestres. Hasta ahora, sin embargo, no ha habido suerte, aunque en alguna ocasión sí que podría haberla habido. ¿O no? Es el caso de la famosa señal «Wow», cuyo origen sigue siendo motivo de controversia.
La señal tuvo una duración de 37 segundos, y venía del espacio exterior. El 15 de agosto de 1977 el astrónomo Jerry Ehman, de la Universidad de Ohio State (EEUU), recibió una señal del radiotelescopio de Delaware. Al ver la transcripcción de la señal, Ehman escribió al lado la palabra ‘wow1’. 35 años después, nadie ha conseguido dar una explicación sobre el origen de dicha señal.
La radiación procedía de la dirección de Sagitario, y de un ámbito de frecuencias de unos 1420 megahertzios. Estas frecuencias forman parte del espectro de radio en el que todo tipo de transmisión está prohibida, por un acuerdo internacional. Lo que descarta la posibilidad de una procedencia “terrestre”. La estrella más cercana en esa dirección está a unos 220 años luz, así que si la señal venía de allí, la tuvo que causar un acontecimiento astronómico de enorme potencia, que no ha sido posible detectar hasta ahora. ¿O quizá fue realmente una civilización alienígena con un transmisor de gran potencia?