El escalofriante origen de las quinceañeras

No es novedad que la fiesta de XV años se ha vuelto muy importante para todos los mexicanos.

Ese momento especial en la vida de toda mujer, es una tradición que ha perdurado en el cariño de la gente por muchos años y así seguirá, pero ¿cuantos conocerán el verdadero significado que se esconde detrás de esta divertida, pero misteriosa celebración? No vas a creer lo que leerás a continuación:

De acuerdo con muchos historiadores e investigadores, culturas como la Azteca y la Maya, realizaban  diversos rituales con la intención de indicar que las niñas estaban entrando a la edad adulta, por lo que al cumplir XV años tenían que dejar de ser tratadas como niñas y estaban listas para que un hombre la tomara.

En realidad, esta clase de rituales se pueden ver en muchas partes del mundo, y hace algunas decenas de años era mucho más común. Recordarás la película de “La Cenicienta” donde la protagonista y sus hermanas son presentadas al príncipe quien también buscaba esposa ¿Lo recuerdas? Pues esa es la versión más amigable de esta clase de “rituales”. En realidad, la fiesta de XV años es mucho más escalofriante de lo que te imaginas.

En México, en los tiempos de antes de la conquista, las adolescentes eran llevadas, desde los 13 años, a diferentes centros en donde eran preparadas para el matrimonio. En estos lugares les enseñaban todo lo necesario para “complacer a un hombre” desde labores de cocina, hasta “labores de la cama”.

Sin embargo y no conforme con esto, la violenta llegada de los españoles trajo consigo una imposición del pensamiento católico, mismo que al no poder eliminar la costumbre de dichas culturas, le dio solemnidad a dicha tradición, haciendo obligatorio que a las jovencitas les fuera celebrada una misa en donde públicamente un varón las tomaba para casarse con ellas y procrear.

Cuando las niñas cumplían 15 años, todas las familias acomodadas y adineradas de la Nueva España realizaban una gran fiesta en donde invitaban a todas las otras familias que tuvieran hijos jóvenes, con la intención de casar a su hija con el que chico que mejor conviniera a los intereses familiares. Durante la celebración, se ofrecía un gran banquete y cuando el joven era elegido por el padre de la quinceañera se realizaba un vals como señal de que ella finalmente había sido tomada por un hombre y tenía la obligación de casarse con él para honrarlo, respetarlo y obedecerlo en todo lo que dijera.

De esta manera, las familias poderosas creaban lazos de parentesco con otras familias de igual renombre y así aseguraban lealtad en los negocios. Cabe destacar que la joven no tenía ni voz ni voto en el hombre que su padre elegía para ella, pues al ser este la máxima autoridad, las mujeres de la casa estaban obligadas a obedecerlo, pues si alguna se atrevía a desafiar su decisión era castigada por el padre, esposo y la misma iglesia.

Como podrás ver, detrás de esta tradicional fiesta celebrada en varias partes del mundo, se esconde un oscuro pasado donde lo único que importaba era el dinero y la avaricia. Por otro lado, por medio de festividades cómo está, el padre de familia obligaba a su hija a casarse con quién le convenía a los intereses de la familia, y no por quién se ganara su corazón. Sin duda, una razón siniestra.

Le pese a quién le pese, la fiesta de XV años es solo un pretexto con el cual los padres de familia consiguen un mejor estatus social, a través del intercambio de sus hijas.