Marx y el reggaeton: ¿por qué al capitalismo le urge crear un ejército de empleados de reserva?

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El filósofo alemán Karl Marx menciona que las condiciones materiales de producción capitalista necesitaban para su funcionamiento un “ejército de obreros de reserva”, quienes debido a su condición de desempleo aceptarían cualquier situación laboral por injusta que fuera; aceptarían un mísero salario que les ofreciera el patrón con el fin de que este trabajo “de lo que sea” les otorgara las mínimas condiciones de subsistencia. Por supuesto, nada ha cambiado desde entonces, hoy la expansión de los grandes corporativos ofrecen sueldos lamentables y circunstancias laborales de cuasi esclavo para recibir en su seno a los que no les queda otra opción.

Si retomamos la pregunta inicial: ¿por qué los medios masivos de comunicación transmiten y promueven el reggaeton? Porque sin la creación constante de un ejército de empleados de reserva el capitalismo no funcionaría. ¿Quién en su sano juicio quiere pasar su juventud —divino tesoro— detrás de una caja registradora, o etiquetando latas en un supermercado, o poniendo sonrisas de plástico mientras sirves pollo frito, u otros tantos empleos que asesinan el espíritu?

No se trata de ponerse moralino, cada quien tiene el libre albedrío de escuchar lo música que desee; y tampoco se trata de generalizar, ya que algunos adolescentes eligen ingresar al sector de la economía formal y salen adelante. Lo que debemos reflexionar es sobre los consumos culturales que se difunden a través de los aparatos hegemónicos de Estado y el trasfondo de ellos.

“(…) si la existencia de una superpoblación obrera es producto necesario de la acumulación o desarrollo de la riqueza sobre base capitalista, esta superpoblación se convierte a su vez en palanca de la acumulación capitalista, más aún, en una de las condiciones de vida del modo capitalista de producción. Constituye un ejército industrial de reserva, un contingente disponible que pertenece al capital de un modo tan absoluto como si se criara y se mantuviera a sus expensas” (Karl Marx, Crítica de la Economía Política, 1974, p. 535).