¿Por qué nadie sonreía en las fotos antiguas?

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Aunque ya lo consideramos como algo habitual, la mayoría de personas suelen realizar algo cuando se preparan para ser inmortalizados en una foto: sonreír. No importa si has tenido un mal día, ni si los ánimos son los más apropiados, la tónica del momento es esbozar una sonrisa que en ocasiones se queda en amago de aparente felicidad. Sin embargo, eso no ocurría en las fotos antiguas, aquellas tomadas antes del siglo XIX (o incluso después).

Evidentemente existe alguna excepción, pero una gran parte de las imágenes que pertenecen a esta época muestran la misma expresión en aquellos sujetos que la integran. Unos rasgos serios, la mirada perdida y una forma de posar artificial eran algunos de los atributos que tenían las personas reflejadas. Al margen de las diferencias estilísticas propias del contexto, se trataba de una forma de posar muy distinta a la que se realiza en nuestros días.

Pero, ¿a qué se debe esto? No es que a principios del siglo XIX nadie tuviese ningún motivo para sonreír, es la unión de factores técnicos y culturales lo que propiciaba esa particular forma de posar en las fotos antiguas. Como muy bien se recoge en silberstudios, son varios los elementos que incitaban esos resultados. Vamos a intentar analizar cada uno de ellos y comprobar por qué realmente se tomaba dicha actitud ante una instantánea.
La tecnología

A.H. Wheeler of Berlin, WI (1893)

Es cierto que existían cámaras durante el siglo XIX, pero la tecnología de éstas era aún demasiado prematura. No será hasta la aparición del colodión húmedo en 1851 cuando realmente se produzca un avance en el tiempo de exposición. Mientras tanto, el proceso más habitual era el daguerrotipo, que podía llevar hasta 30 minutos de exposición.

Por ello, se requería que los sujetos aparecidos en cuadro permaneciesen inmóviles, algo que resultaba imposible cuando se trataba de un tiempo tan elevado como el que hemos señalado anteriormente. Esta es una de las razones por las que la nitidez de las imágenes tampoco podía ser mejor, porque no se podía evitar parpadear o mover el cuerpo algunos milímetros.
Influencia de las pinturas

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James Holland

Antes de la llegada de la fotografía, la persona interesada en un retrato debía acudir a un pintor que se encargaba de plasmar su figura. Aunque existen cuadros de todo tipo, el referente al retrato solía seguir unos patrones comunes. Es decir, normalmente se plasmaba a las personas con aires de grandeza y superioridad, ya que la aristocracia del momento era el sector que se podía permitir este tipo de lujos.

En un primer momento, esto también influirá en la fotografía. Las personas posaban para la cámara como si lo hicieran para un pintor, mostrando exactamente la misma expresión que también se empleaba cuando se hacía para éstos. Se había heredado un nuevo sistema, pero todavía no se tenía conciencia al respecto. Era algo diferente a la pintura, y eso es algo de lo que posteriormente se darían cuenta.

Vinculado a este punto encontramos otro que solía predominar en los cuadros: el de la inmortalidad. Los retratados buscaban tener una imagen que perdurase en el tiempo y por la que fueran recordados. Aunque parezca algo extraño, esta imagen debía mostrar serenidad y templanza, no resultaba muy digno que la última impresión que se llevaran mostrase una sonrisa de oreja a oreja.
La época victoriana y eduardiana

Reina Victoria

El primer periodo, el de la época victoriana, abarcó desde 1837 hasta 1901, año en el que comenzaría el reinado de Eduardo VII en el Reino Unido. Es obvio, el contexto influye, y como hemos mencionado anteriormente, los aristócratas de la época intentarán mostrar su lado más distintivo, que marque las distancias con el del pueblo llano.

La posición de poder debía quedar clara, y eso debía estar patente de todas las formas posibles. Sin duda, una fotografía o un cuadro de éstos sonriendo no era algo que causase la impresión debida sobre el resto.

Resulta cuanto menos curioso comprobar cómo lo que para nosotros ahora es cotidiano, antes podía llegar a ser visto incluso como algo ridículo. Y como hemos visto, los motivos van mucho más allá que los meramente tecnológicos, se trata de algo que también se encuentra relacionado con la cultura de la época.

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