6 INESPERADAS modas de la época victoriana

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¿Hipsters? ¿Cabellos coloridos? ¿Que los 90s están de vuelta? Mejor acompáñanos a viajar en el tiempo. A continuación, te mostramos modas de la época victoriana que activarán tu capacidad de asombro, porque seguro no te las esperas.
6 INESPERADAS modas de la época victoriana
1. La anorexia llegó a ser cautivadora en la época victoriana

Lo que en la actualidad conocemos como anorexia, un trastorno alimenticio grave que no distingue edad ni sexo, siglos atrás era más como una moda. Las mujeres que no probaban “ni un bocado” de alimento eran conocidas como “ayunadoras”.

Ellas realizaban el montaje de poder sobrevivir sin ningún tipo de sustento, como si se tratara de una habilidad especial de otro mundo que las diferenciaba de humanos ordinarios dependientes de la comida y el agua para mantenerse con vida. Debido a esto, la gente las consideraba como mágicas o casi santas.

¿Por qué era un montaje? Las mujeres ayunadoras conseguían aliados que las alimentaran e hidrataran a escondidas para evadir una muerte segura. Todo esto por mantener el aura mítica que las envolvía dado sus “habilidades” de supervivencia, extrañamente admiradas por la sociedad victoriana. Mollie Fancher es la miembro más famosa de las mujeres ayunadoras, supuestamente sobrevivió 14 años absteniéndose de alimentos.
2. Las victorianas se perforaban los pezones

Si pensabas que las perforaciones en lugares diferentes a las orejas se convirtieron en moda de un tiempo para acá, te sorprenderá saber que las victorianas más osadas y modernas se hacían piercings, nada más y nada menos que en los pezones.

Esta moda inició a finales del siglo XIX con un joyero inglés y otro parisino que ofrecían el servicio inusual para la época. Entre las razones que motivaban a las mujeres a colocarse estas argollas en los pechos, se discuten dos teorías: la primera, las mujeres pensaban que al hacerlo, sus senos crecerían más redondos y atractivos. La segunda, porque los piercingsen los pezones les proporcionaban sensaciones excitantes. Quizás lo hacían por un poco de ambas.
3. Las familias prominentes impulsaron la moda de los tatuajes

Es común caminar por ahí y ver a montones de personas, de distintas personalidades, llevar al menos un tatuaje en el cuerpo. Pero en el siglo XIX, tatuarse era exclusivo para marineros y delincuentes, hasta que la alta alcurnia lo convirtió en una de las modas de la época victoriana.

Los presumidos y recatados aristócratas, en 1862, sacaron su irreverencia a flote al contribuir con la causa de convertir los tatuajes en socialmente aceptables. Todo comenzó cuando el Príncipe de Gales, hijo de la Reina Victoria, le pareció genial tatuarse durante un viaje a Jerusalem, y así lo hizo. Este fue el inicio de una tendencia que se expandió entre los más pudientes de la época. Claro, de manera muy discreta.

Fue en 1898 cuando se supo a través de la revista ilustrada mensual Harmsworth que, alrededor de 100 mil personas, en Londres, tenían tatuajes. De los cuales destacaban el Zar Nicolás II, el Príncipe y la Princesa Waldermar de Dinamarca y el Rey Óscar de Suecia.
4. El tratamiento de moda para combatir la histeria

La histeria era una enfermedad frecuente en la época victoriana: si te sentías triste, si sufrías del síndrome pre-menstrual, si tu marido no llegaba a casa y esto te provocaba irritabilidad o si te atacaba la pereza, para la medicina de aquel entonces, sólo cabía esta posibilidad.

Pero este diagnóstico no molestaba del todo a las mujeres de la época, debido a que la cura a este mal era el “masaje pélvico”, mejor conocido como la masturbación. El tratamiento era realizado por un médico que, con la ayuda de sus dedos o un dispositivo eléctrico, provocaba un orgasmo, el fin último para eliminar los síntomas, o al menos hasta que “inesperadamente” retornara la enfermedad. Dato curioso: los consultorios donde se hacían estas prácticas se encontraban a estallar de pacientes, lo cual no nos sorprende.
5. Suprimir las emociones y sustituirlas por desmayos

Los victorianos tenían un concepto descabellado sobre sacar a flote sus emociones, y las mujeres eran quienes llevaban con mayor peso esta presión. ¿Llorar histéricamente? ¿Mostrarse sumamente efusiva? ¿Enojarse hasta llegar a los gritos? Si no querías quedar como histérica, el mejor y único comodín era fingir un desmayo.

Como cual telenovela, las chicas del siglo XIX se desvanecían para evitar un estallido mal visto. Si la situación no le provocaba el desmayo con naturalidad, un poco de carbonato de amonio induciría el escape emocional.
6. La tortura por conseguir una cintura de avispa

La obsesión de las mujeres por la belleza ha estado presente desde tiempos remotos, por ella han llevado a cabo prácticas un poco asfixiantes, literalmente.

Las chicas del siglo XIX, a fin de conseguir la figura de reloj de arena de enorme atractivo para la fecha, usaban corsés extremadamente ajustados, tan apretados, que al usarlos diariamente podían comprimir su anatomía y lograr medidas de 13 pulgadas o menos, como la cintura de un bebé.

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