La verdadera historia de “La Bella durmiente”

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Es posible que el clásico cuento de la “Bella Durmiente” sea uno de tus favoritos. Esa joven princesa, desvanecida, dormida tras haber recibido la maldición de una bruja y condenada a un sueño eterno hasta que, finalmente, es despertada por un beso. El beso de un príncipe encantador con el que, claro está, acaba contrayendo matrimonio.
¿Conocías la verdadera historia de La Bella durmiente? Bastante distinta de lo que nos mostró Disney…

Pocos cuentos disponen de esos trazos tan dulcificados y perfectos, escenas orladas de esa dicha tan adecuada para cualquier mente infantil y para los amantes de esos finales felices a los que siempre nos acostumbra la factoría Disney. Sin embargo, ya sabes que enSupercurioso nos gusta examinar con lupa y desentrañar la verdadera y oscura realidad de estos relatos clásicos, sólo aptos para adultos…

¿Preparados para conocer la impactante historia de la Bella Durmiente?
La primera versión de 1636: “Sol, Luna y Talía”

No hace mucho te hablamos de la verdadera Caperucita, de la auténtica historia de la Blancanieves y de los orígenes del relato de La Cenicienta. Hoy queremos adentrarnos en el cuento que más a menudo encontramos en las mesillas de noche del público infantil: la Bella Durmiente.

Empezaremos con una advertencia: la verdadera historia de la Bella Durmiente es muy diferente de lo que todos tenemos en mente. Vayamos ya al inicio de esta historia, a ese “érase una vez”….
La primera versión data del 1636. El cuento formaba parte de una colección llamada “Pentamerone” y su autor era un caballero italiano: Giambattista Bassile. ¿Y cuál era el título del cuento? “Sol, Luna y Talía”.
En ella se cuenta la historia no de Aurora, sino de Talía. Sigue habiendo una maldición, un hechizo del que sabios y astrólogos advierten a los monarcas del reino: cuando la heredera sea una adolescente, se pinchará con una astilla envenenada oculta entre el lino. ¿Y qué hace el rey? Prohibir la entrada de lino al palacio. Como era de esperar, no sirve de nada. La muchacha acaba pinchándose con la aguja de una rueca para hilar lino.
El rey, desolado, lejos de enterrarla, la deja en su habitación cubierta por un manto de terciopelo. Después, abandonan el palacio. Hasta aquí, como puedes ver, todo es más o menos similar. Pero ahora llega la gran diferencia…
Pasan unos 100 años, y un día, un joven noble aparece por los alrededores acompañado por su halcón y sus perros. Está cazando, y casualmente se encuentra con ese palacio abandonado. Llevado por la curiosidad decide entrar, llevándose una grata sorpresa. Hay una joven muchacha que parece dormida. Al ver que no puede despertarse, el noble decide aprovecharse y simplemente… la ultraja. Viola a la joven Talía.
Nueve meses después nacen dos niños: Sol y Luna. La joven aún está inconsciente, así que los bebés son cuidados por las hadas. Un día, mientras el niño está buscando el pecho de su madre para alimentarse, coge casualmente el dedo de su madre. Lo chupa y le extrae el veneno. El hechizo se rompe. Aquí, como puedes ver, no hace falta ningún beso de amor.
Tiempo después el joven noble vuelve al palacio. ¿La razón? Le apetece “visitar” una vez más a su princesa desvanecida. Su sorpresa es monumental, no sólo por ver a la joven despierta, sino porque está acompañada de dos niños. ¿Qué ocurre entonces? Nada especial. Talía se alegra de lo ocurrido y pasan juntos unas semanas. Después el noble la deja para volver con su familia, porque, claro está, ya dispone de su propia esposa.La verdadera historia de La Bella durmiente es mucho más retorcida de lo que esperábamos
El verdadero problema llega cuando la esposa de nuestro noble descubre a la “familia secreta” de su marido. Llevada por la rabia, ordena que se queme a Talía en una hoguera y que los niños – Sol y Luna – sean asesinados y cocinados para que su infiel marido se los coma sin saberlo. Pero tranquilo/a…. este cuento tiene final feliz a pesar de todo. En el momento en que la joven muchacha va a ser quemada en la hoguera, decide quitarse una a una sus piezas de ropa y, de pronto, cada una de ellas emite un sonido espantoso al entrar en contacto con el fuego. Dicho sonido, capta la atención del noble que, aterrado, logra detener dicho sacrificio.
¿Y qué hay de Sol y Luna? El cocinero se niega a cumplir tal sacrilegio. Lo que sirvió en la mesa, engañando a su señora, era en realidad carne de cabra. Una proeza que el noble agradece nombrándolo tesorero real.
El cuento acaba en boda y en una familia feliz y unida originada de la casualidad. Eso sí, al final, la aventura extramarital del joven y su secreto “ultraje” no tiene castigo, pero sí una extraña recompensa.
La dulcificada versión de Perrault y de los hermanos Grimm

Cuando Perrault quiso introducir en sus obras el cuento de Talía y de sus hijos, fue consciente de que debía hacer algunos pequeños cambios escarpelo en mano. Lo primero que hizo fue eliminar la violación. Algo así era, obviamente, inconcebible para el público infantil.

La princesa sería despertada por un beso, el beso de un príncipe amable, servicial y dulce con el que se casaría de inmediato. Además, tendrían dos hijas, las cuales, junto a ella misma, serían terriblemente odiadas por la madre del príncipe – aquí se repetiría una vez más el intento de cocinar a los hijos de la pareja-. El cuento se llamó, como ya sabes, “La Bella Durmiente del Bosque“. Más tarde, nuestros queridos Hermanos Grimm nos trajeron la versión más almibarada, la que todos conocemos. Esa interpretación más aséptica que podemos contar a los más pequeños con total tranquilidad.

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