Curiosidades sobre la higiene en la Edad Media

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Lo que aprendemos en la escuela nos dice que la Edad Media fue una época de oscurantismo, de supersticiones y de gran ignorancia por parte de la gente llana, del pueblo.

Si bien la Edad Media es mucho más que eso, y en ella se hicieron muchos avances e inventos, hoy Supercurioso va a darle espacio a un aspecto quizá desconocido por muchos, como lo es el de la higiene personal.

Ten en cuenta que hablamos de un período que va desde el 476, siglo V, cuando ocurre la caída del Imperio Romano, hasta el siglo XV, cuando Colón viajó al Nuevo Mundo: un lapso de mil años. Se dice rápido.

¿Cómo se lavaban, o se bañaban las gentes en estos mil años? ¿En dónde “hacían sus necesidades”? ¿Qué hacían para limpiar? Acompáñanos a viajar por el tiempo a descubrirlo.
Practicaban el reciclaje

Así es. Todo se reciclaba. Y por “todo” nos referimos a los desechos humanos: había gente que se encargaba de recoger las heces humanas de los pozos negros para venderlas como estiércol. La orina era recogida por los tintoreros para blanquear pieles y telas; los huesos se trituraban para hacer abono…

Pero lo que no se reciclaba quedaba en la vía, pues en aquellos tiempos no existían los servicios públicos, y los que había no eran muy eficientes. La costumbre era acumular en baldes los desechos humanos y las aguas servidas y luego tirarlos por las ventanas hacia la calle. Imaginamos que el olor debió haber sido algo intenso.
¿Agua? ¡No, gracias!

Lo que para nosotros en nuestra época es símbolo de vida, para la gente medieval era todo lo contrario. Los médicos pensaban que el agua debilitaba los órganos, sobre todo si estaba caliente, y que dejaba el cuerpo vulnerable a aires malsanos. Impedían por todos los medios que penetrara a través de los poros, pues se creía que podría transmitir muchos males.

De hecho, se decía que lo sano era dejarse una capa de suciedad en la piel para protegerse de enfermedades, y que el aseo debía hacerse en seco, con una tela limpia para frotar las partes visibles del organismo. Los doctores de la época recomendaban limpiar a los niños sólo el rostro y los ojos con un trapo blanco para retirar el exceso de mugre. “Lavarse con agua es perjudicial a la vista, provoca males de dientes y catarros, empalidece el rostro…”, repetían.

La iglesia, por su parte, condenaba el baño por considerarlo “un lujo innecesario y pecaminoso”.
Baños… ¡una vez por cuaresma!

No creas que entre la nobleza la cosa era distinta. Se cuenta que a algunas damas les gustaba más asearse por lo que lo hacían ¡dos veces al año!

¿Y sabes cómo solían bañarse? Ponían una tina enorme llena de agua caliente, en ella entraba primero el jefe de familia, luego, en la misma agua, después de salir, entraba cada uno de los hombres de la casa por orden de edad, las mujeres igual de mayor a menor y de último los niños.

Bueno, de último los bebés, pero podrás imaginarte lo sucia que estaría el agua a esas alturas.
Cambiarse de ropa era limpiarse

Los ricos, para mantener un aspecto pulcro, lo que hacían era cambiarse frecuentemente de camisa, que, claro, absorbía el sucio del cuerpo. Pero la ropa interior la cambiaban una sola vez al mes. Curioso, ¿no?
¡Abanico, por favor!

¿Sabes por qué era tan corriente abanicarse en la Edad Media? ¡Claro, lo adivinaste! Para disipar el mal olor, aunque como es lógico suponer, sólo los ricos tenían lacayos que los abanicaban.

Además del mal olor, el abanico servía para alejar a molestos insectos, como moscas, que volaban alrededor…

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