Mike, El pollo sin cabeza que vivio 18 meses

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el libro Guinness

“Como un pollo sin cabeza”. Tan frecuente ha resultado la visualización de dicha sabrosa ave sin su testuz en las granjas de medio mundo que la lengua española ha generado una expresión a partir de dicha imagen. No es la única. En inglés también existe una comparación con ese headless chicken que se emplea para sugerir que alguien no sabe lo que hace. Pero el pollo sin cabeza no es un animal mitológico ni una hipérbole. Efectivamente, el ave puede sobrevivir después de que haya visto su cabeza cercenada, como demuestra la historia del célebre Mike Milagro, que figura en las páginas del libro Guinness de los récords.

Mike Milagro, o Mike el Pollo sin Cabeza, nació en abril de 1945. Apenas unos meses después, su corta vida parecía tocar a su fin, después de que su dueño, el agricultor Lloyd Olsen de Fruita (Colorado) lo seleccionase para la cena de la noche. El hachazo falló y, terriblemente, se encontró con que el animal seguía manteniendo el equilibrio, intentaba graznar e, incluso acicalarse mientras su cabeza yacía inerte en el suelo. Entonces, se le ocurrió que quizá sería más rentable obviar el potencial alimenticio de Mike y centrarse en su rol como estrella del show business. En definitiva, utilizarlo como animal de feria, algo que le permitió ganar en sus mejores momentos 4.000 dólares al día. Para los incrédulos, la Universidad de Utah se encontró con el descabezado Mike y certificó que, efectivamente, para no tener mollera, parecía bastante vivo.

Mike, el pollo milagro. (Wikipedia/CC)

Desde luego, el pollo pudo darse con un canto en el pico (si lo hubiese conservado), ya que vivió algo más de un año después de su decapitación, cuando trágicamente se ahogó en un motel de Phoenix (Arizona), sin que su dueño pudiese hacer nada, ya que había olvidado las medicinas con las que trataba a su criatura. Pero Mike dejó un legado importante, más allá de los miles de dólares en el bolsillo de Olsen, un buen puñado de festividades que tienen lugar en Fruita y cierta penetración en la cultura popular. Gracias a él, podemos comprender por qué un pollo sin cabeza puede seguir viviendo.

La clave, recuerdan los expertos, se encuentra en la altura a la que se realiza el tajo que, en principio, ha de terminar con la vida del animal. En el caso de Mike, el corte probablemente cercenó la parte superior del cerebro, pero dejó intacto el cerebelo y el bulbo raquídeo, más que suficientes para que las funciones espontáneas del animal sigan funcionando, así como la capacidad de respirar y controlar el bombeo de la sangre desde el corazón. La alimentación de Mike se efectuaba a través de su tráquea, con un cuentagotas que le permitió engordar y seguir creciendo después de perder la cabeza.

Pero hace falta algo más para que el pollo siga vivo, y es que no se desangre. Para ello, como ocurrió con Mike, es importante que se forme un coágulo de sangre que impida que la hemorragia producida por el tajo acabe con su vida. No hay que confundir a los pollos que, como Mike, siguen con vida después de su decapitación, con la agonía en la cual estos se mueven violentamente antes de fallecer, y que suele ocurrir con otras especies animales cuyo cerebro ha sido separado del cuerpo (incluidos los humanos; no hay que preocuparse, en dicho caso el córtex somatosensorial, encargado de descifrar el dolor, ya no estará recibiendo ninguna señal). El caso de Mike es muy excepcional y el cúmulo de una serie de afortunados factores: un tajo providencial producto de la casualidad y no de la habilidad.

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