¿Eres de los que ven rostros en todas partes? La pareidolia

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Seguro que alguna vez has reconocido formas humanas en las caprichosas y fugaces masas de nubes que cruzan el cielo, o creído advertir en las grietas de paredes o pintura descascarada algún perfil vagamente humano. Si es así, eres propenso/a tener pareidolia.

No, no es una enfermedad. La pareidolia está catalogada como un fenómeno psicológico(que no trastorno) en donde prácticamente cualquier estímulo, por vago y azaroso que sea, es percibido erróneamente como una cara humana.

Los secretos de la pareidolia

Etimológicamente, pareidolia deriva del griego eidolon (figura o imagen) y el prefijo para(junto a): figura adjunta.
Posibles explicaciones de la pareidolia

Jeff Hawkins, un inventor cuyo campo de trabajo es la ingeniería informática y la neurociencia, está desarrollando un interesante y nuevo tipo de memoria basado en el funcionamiento del cerebro humano.

En su libro Sobre la inteligencia, explica que nuestro cerebro funciona con la memorización y el reconocimiento de patrones, permitiéndole al córtex trabajar con la predicción en lo que Hawkins llama “marco de memoria-predicción”; digámoslo en palabras más simples, lo que hace el córtex es averiguar la relación existente en todo lo que ve, memorizarla y utilizar esos datos para predecir cómo se comportará en el futuro.

Otra explicación, que también es cerebral pero más relacionada con la subjetividad, indica que la forma en que la luz que llega a nuestros ojos está condicionada por presunciones que hacemos del entorno, es decir, si pensamos en determinadas figuras tenderemos a reconocerlas en cualquier patrón (por ejemplo, en las nubes): si piensas en tigres, probablemente verás tigres, pero otra persona verá perros, o lobos, o serpientes.

Otra posible explicación nos la da Carl Sagan, y dice que es una técnica de supervivencia ancestral en la que para nuestros más remotos antepasados distinguir rostros amigables de hostiles era fundamental para no morir.

De esta manera, nuestro cerebro fue perfeccionándose para reconocer rostros humanos con muy pocos detalles.

De hecho, en 2009 se hizo un estudio que vendría a reafirmar la teoría de Sagan. Aquí, se vio que el percibir rostros humanos en imágenes poco claras o confusas activa una región en la corteza ventral fusiforme, y sólo se da esa respuesta al ver caras reales, pero no cuando observamos objetos.

Los científicos creen que esa zona fue “especializándose” en el reconocimiento facial y actúa automáticamente para darle tiempo a nuestro cerebro de interpretar si la cara es amigable o no.

Pero esto no explica por qué algunas personas son más propensas que otras a ver caras.

Hay quienes indican que entre las personas que creen en lo paranormal y lo religioso es más frecuente la pareidolia, que entre aquellos considerados ateos o escépticos. Tal vez a esto se deba el carácter sagrado que se le ha atribuido a determinados sitios (que puede explicarse por otro fenómeno psicológico-religioso, la hierofanía), asociado por lo general a experiencias religiosas.
Casos muy comunes de pareidolia

Los ejemplos más tradicionales de pareidolia son visiones de animales o rostros en las nubes, o en la cima de montañas pedregosas, o la visión de rostros en las partes delanteras de los automóviles.

También en grietas o manchas en paredes y pavimentos, o los avistamientos de ovnis o visiones de fantasmas.

Otro interesante “nicho” donde la pareidolia es muy común es el de las constelaciones, donde desde tiempos remotos se han visto figuras reconocibles en el manto de las estrellas.

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